domingo, 22 de julio de 2018

Simon Reynolds: Como un golpe de rayo


Idioma original: inglés

Título original: Shock and Awe. Glam rock and its legacy from the Seventies
Año de publicación: 2016
Traducción: Hugo Salas
Valoración: muy recomendable

Quiso la casualidad que cuando Reynolds (reputado periodista musical) acometía la última parte de este libro, David Bowie falleciera de una manera que sorprendió y conmocionó al mundo. Y no sé si este hecho, uno de los más rememorados de los últimos años, condicionó hasta cierto punto las intenciones y la estructura de este formidable trabajo. Porque Como un golpe de rayo acaba (su extensión, casi 700 páginas lo permite) siendo como un 2x1. siendo una parte una biografía extensa y detallada del período dorado en lo creativo de Bowie (el que empieza con el álbum Hunky Dory y acaba con Scary Monsters), y la otra un exhaustivo estudio sobre la génesis, evolución, y últimos coletazos del glam-rock.
Claro que estas dos evoluciones tienen puntos de convergencia de enorme repercusión, y que Bowie es indiscutiblemente, incluso cuando parece dar la espalda al sonido en sí del género, la referencia más célebre. 
Pero Reynolds no se conforma con la superficie y con la fría descripción de hitos aderezada de fechas y cifras. Reynolds disecciona la historia de las grandes figuras secundarias y se centra en esos aspectos de los que solo los muy entendidos son capaces. El sonido, la evolución de este, la repercusión de la vida personal de los artistas en la evolución de su obra, sus defectos y virtudes, sus aciertos y errores, como demostrando que, en cierta época, no solamente se trataba de promocionarse y conseguir ser radiados. Y el glam-rock puede parecer un género algo superficial, una mera apuesta estética por la provocación, como si el sonido fuera secundario, pero no es así. Cierto es que desde un punto de partida realmente heterogéneo (espíritu pre-punk, actitud provocadora y premeditadamente ambigua a todos los niveles), se llegó a muy dispares destinos. De la parte dedicada a las bandas que surgieron con distintos niveles de repercusión y merecimiento artístico (desde Slade hasta Roxy Music pasando por The Sweet o incluso Queen) me quedo con su profundo tratamiento de sus trayectorias, y por supuesto con el extenso epílogo donde se traza un exhaustivo recorrido por todas las figuras actuales que, no solo a nivel de homenaje, se encuentran influidas estética o sonoramente.
De la parte que, con sentido oportuno que no oportunista, se dedica, en idas y venidas, a seguir la vida de David Bowie y de su descomunal producción entre los primeros 70 y el inicio de los 80, decir que puede que sea el más acertado texto que he tenido la ocasión de leer. Pues no tiene ningún prejuicio a la hora de exponer todos los entresijos de esa fascinante época creativa. En comentar todos los avatares de su vida, los que le llevaron a Estados Unidos y luego de vuelta a Europa (al Berlin que alumbraría discos como Low), los que convivieron con extrañas relaciones personales, con serios problemas con las drogas.
Puede que Como un golpe de rayo pueda parecer otra biografía más de Bowie de las que irán surgiendo, pero para nada lo es. Es un recorrido por un estilo musical más actual de lo que nos pueda parecer. Uno puede echar de menos algún aspecto (a mí, por ejemplo, me hubiera gustado alguna mención menos tangencial acerca de cómo cierto sonido glam degeneró en ese hediondo género llamado heavy-metal) , y está claro que cada uno tiene sus grupos y disco favoritos. Pero el libro resulta en todo momento tan preciso e interesante que eventuales ausencias deben perdonarse.

sábado, 21 de julio de 2018

Edmundo Paz Soldán: Desencuentros (2x1)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018 (1990 y 1994)
Valoración: Recomendable

Hay autores (y no daremos nombres) a los que se acusa de escribir siempre el mismo libro. Desde luego, esta no es una acusación que se pueda verter sobre el boliviano Edmundo Paz Soldán. A lo largo de estos casi 30 años ha publicado libros de todos los colores: relatos breves e hiperbreves, novela política, ciencia – ficción , distopía, etc., lo que da idea de que nos encontramos ante un tipo inquieto y camaleónico.

Buena muestra de esas inquietudes y de esas múltiples vertientes del cochabambino es este "Desencuentros", libro que, pese a ser publicado en España en este 2018 por la editorial madrileña Páginas de Espuma, reúne  “Las máscaras de la nada” y “Desapariciones”, los dos primeros libros de relatos publicados por Paz Soldán allá por 1990 y 1994. En él (o en ellos, uno no sabe muy bien), encontramos ni más ni menos que... ¡104 relatos (68+36)! Obviamente, no es para menos con 104 relatos, el libro peca de cierta irregularidad. Mantener el nivel a lo largo de todos ellos es prácticamente imposible. Por eso conviene quedarse con el tono y la sensación general, con el “nivel medio”.

He de decir que me ha gustado más “Las máscaras de la nada”  que “Desapariciones”. Me parece que los 68 relatos que lo componen son más homogéneos, que el conjunto está mejor trenzado. Tres son los temas centrales de estos relatos: la violencia (o la muerte), la familia (especial hincapié en la pareja) y la literatura, en general. Se trata de muy breves, entre un solo párrafo y un par de páginas, construidos en su mayor parte en base a contraposiciones entre situaciones cotidianas y personajes patéticos. La tensión entre ambos elementos acaba, por lo general, resolviéndose en finales que oscilan entre la sorpresa y el absurdo.

En cuanto a “Desapariciones”, se trata de un libro bastante más ecléctico en el que los relatos ganan en extensión, alcanzando en ocasiones las 4 o 5 páginas. Pese a que se repiten algunos de los temas y mencionados, en esta ocasión ganan peso relatos que versan sobre el paso del tiempo y relatos que incluyen una cierta crítica social. Por otra parte, los relatos de “Desapariciones” pierden inmediatez y frescura respecto a los de “Las máscaras de la nada”, tan breves y tan basados en la imagen puntual. En cambio, ganan peso los personajes, seres solitarios y desubicados situados frente al espejo de las paradojas y el absurdo de la vida, con sus miserias, inseguridades y mediocridades.

Me gustaría destacar, por último, varios aspectos de este "Desencuentros". En primer lugar, se trata dos libros escritos y publicados cuando Paz Soldán apenas contaba con unos 20 - 25 años, pero dan la impresión de haber sido escritos por una persona mucho más mayor, con un recorrido vital más amplio, lo que da buena cuenta, a mi entender, de la capacidad de observación del autor. Por otra parte, me gusta la sensación general de pesimismo que transmiten los relatos, gracias a ese humor, a medio camino entre la ironía, el absurdo y el humor negro, que los recorre. Y, por último y sobre todo, me quedo con la capacidad de Paz Soldán de construir relatos que ofrecen a los lectores muchas más preguntas que respuestas. Como ocurre en casi toda su obra, por cierto!.

No quiero acabar esta reseña sin recomendar, una vez más, que os acerquéis a la obra de Paz Soldán, uno de los mas interesantes e inquietos autores que podemos leer hoy en día en lengua castellana. Para ello puede ser una buena opción este "Desencuentros", tanto por la propia calidad de los relatos como por las pequeñas pistas que da acerca de su posterior evolución.

Otras obras de Paz Soldán en ULAD: Billie RuthLas visionesLos días de la pestePalacio Quemado

viernes, 20 de julio de 2018

Clara Usón: El asesino tímido

Idioma original: español
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien

Difícil primera frase, pero vamos con ella.
Clara Usón es una muy buena escritora, pero este es un libro fallido. Insisto: estilo depurado, todo en su sitio, cuidado en las formas, apuntes eruditos en su justa medida. Todo perfecto, pero (y os recuerdo que odio los símiles gastronómicos) los buenos ingredientes no garantizan un buen plato si algo en su combinación no acaba de ajustarse. Es lo que pasa aquí: donde Usón daba de firme (la formidable La hija del Este, la arriesgada para bien Valor), El asesino tímido es una novela que no acaba de ahondar en ninguna de las líneas que plantea. No es una novela policíaca al uso aunque su pretexto sea la evocación de la figura de Sandra Mozarovski, actriz de la época del destape que falleció a los dieciocho años y sobre cuya muerte corren teorías varias. 
De hecho, Usón empieza el libro basándose en esa figura, la de una actriz desde la infancia a la que el aperturismo del post franquismo condenó al cine cutre, al cine en que los tirantes se bajaban y las blusas se desgarraban para que la gente, oh, viera un pezón aquí, un culo allí. Qué lejos estaba Pornhub. Y las teorías Usón las amaga, las lanza como hipótesis o realidades basándose en todas esas especulaciones pero sin llegar a pergeñar un auténtico conato de investigación, ni tan siquiera (cosa que hubiera aportado cierta chicha al libro) acercándose a Cercas y asumiendo una guisa de escritora que busca las cosquillas al poder. Primer intento: en vez de eso toma el camino del reportaje de suplemento dominical de periódico neo-progre y se enzarza en una veintena de páginas de explicaciones sobre el proceso por el que un dictador entrega el trono a un monarca y se salta todo el rollo ése de la sucesión dinástica para montar eso que algunos llaman transición y otros llamamos prórroga. En ese relato Usón avanza con el freno de mano puesto y uno tiene que acudir a la contratapa para ver si eso es una novela o se le han colado páginas de la Wikipedia como a Houellebecq en El mapa y el territorio.
Y no. Entonces, por debajo, Clara Usón ya ha empezado a colar los detalles autobiográficos (que anegarán la última parte) y a entregar las riendas de la novela a una nueva línea. Porque el asesino tímido que menciona el libro es el fantasma del suicidio, otro tema recurrente en la obra de la escritora barcelonesa, y ese tema se hace omnipresente a través de las menciones a Pavese y, sobre todo, a Wittgenstein, cuya semblanza vital acaba tomando un protagonismo casi absoluto, con su carácter huraño y depresivo, con sus evidentes conatos de genialidad, con su familia repleta de suicidios y muertes trágicas, semblanza que Usón se apaña para combinar de forma irregular, a veces forzada, esas situaciones que se empeña en hacer confluir: la de Mozarovski y las especulaciones sobre si su muerte obedeció a cierta situación incómoda con la corona española, la de Wittgenstein y el avance de su genio y cómo superaba y humillaba a quienes se suponía iban a ser sus maestros, y la de Usón, empeñada en entregarnos su experiencia vital previa a su firme decisión de hacerse escritora. Tramo final del libro que se me ha hecho largo y algo incomprensible en su engarce: sin llegar a la lágrima ni al auto-fustigamiento tan propios de hoy en día (ejem) me ha parecido ver a la autora muy apremiada por insertar esos episodios: que si fumaba porros, que si iba a la disco, que si se bajaba de Pedralbes al Barrio Chino a pillar costo, que si las benzodiacepinas, que si se zambulló en la lectura mientras renunciaba a su trabajo de abogada. 
En fin, las piezas no se ensamblan del todo, Usón no baja su buen nivel literario (aunque es curioso que las frases memorables de este libro sean las que toma prestadas de otros autores), pero la sensación de obra precipitada, de experimento inconcluso, persiste. 

jueves, 19 de julio de 2018

Dylan Horrocks: Sam Zabel y la pluma mágica

Idioma original: inglés
Título original: Sam Zabel and the Magic Pen 
Año de publicación: 2014 
Traducción: Óscar Palmer 
Valoración: Está bien


Ya lo dijo Winston Churchill: "La metaliteratura es el onanismo de lo literario. Puede resultar divertido, pero no sustituye a un buen ***** " Perdón por lo soez de la cita pero es que Sir Winston era así de campechano... la ginebra, ya se sabe. Pues en este caso nos encontramos, toma rizo conceptual, ante un "metacomic" (Propuesta de tesis doctoral: "La novela gráfica neozelandesa en el tercer milenio y su influencia en la hipsterización de la cultura global"), pero que nadie se asuste: lejos de tratarse de un plúmbeo ejercicio autorreferencial con un guión existencialista e ilustraciones dolorosamente angustiosas, al final este cómic sí que resulta divertido, si bien bastante banal.

El protagonista, Sam Zabel es  un dibujante de cómics de Nueva Zelanda (¡tachán, premio a la originalidad!) que atraviesa una crisis creativa y vital bastante chunga: lo que le pasa al pobriño no es un simple bloqueo de escritor, sino que tiene (atentos al concepto) ANHEDONIA, es decir, una incapacidad para disfrutar de nada, lo que se dice nada, de la vida. Toda una putad... jugarreta, vaya. Así, hasta que en un congreso conoce a Alice, una joven y entusiasta fanática de los cómics que vuelve a despertar su interés por algo -no, no hay tomate con ella, no seáis malpensados-: juntos descubren unos tebeos "mágicos", por haber sido dibujados con la pluma asismismo mágica del título (humm... ¿a qué creíais que se refería, pillines?). A partir de ese momento, Sam vive una serie de aventuras más o menos entretenidas junto con Alice y Miki, una sarcástica colegiala shosen, a través de una serie de cómics de variado género, comenzando por una vueltecita por Marte, planeta de recios varones de color rojo y Venus, origen de hermosas mujeres de piel verde...

En fin, no es que se trate éste de un cómic memorable - el propio Zabel, supongo que como alter ego de Horrocks, reconoce que no es Alan Moore-, pero el rollo meta-lo-que-sea tiene su puntillo, en este caso, y de paso hace alguna que otra reflexión sobre la naturaleza de los cómics y el papel reservado en ellos a las mujeres (*), muy a propósito con el espíritu de los tiempos, por cierto... (y nada que objetar con esos tiempos, por cierto). Claro que igual hasta se pasa un poquito de frenada; el tal Sam Zabel, como personaje, resulta ser un moñas de cuidado. Vale que sufre de la anhedonia de ésa, pero es que el muy cuitao siente angustia incluso ante sus propias fantasías sexuales -y tampoco es que le vaya el BDSM con focas bebé o algo parecido-; porque digo yo que una cosa es tratar de ser respetuoso, igualitario y empático  con las mujeres (eso es BIEN) y otra sentirte un miserable por imaginarte a tu propia esposa con un escotazo, por ejemplo (perdón por el spoiler, pero vosotros diréis...). De hecho, en un determinado momento de este cómic incluso surge esta pregunta: ¿Tenemos alguna responsabilidad moral por nuestras fantasías? "Vamos, no me jo... robes", fue lo que pensé yo. Hasta que recordé que en este momento le estamos volviendo a dar vueltas a Lolita (cierto que quizás no sea el ejemplo más adecuado...) o hay un consenso generalizado de que muchas películas de hace 20 ó 30 años no se podrían rodar hoy en día. Pues igual la pregunta sí que es pertinente, al fin y al cabo. O igual lo procedente es por qué carajo tenemos que hacernos esta pregunta, yo qué sé...

(*)En el caso específico del manga, conviene echar un ojo a la última y estupenda reseña firmada por nuestro compañero Oriol sobre el libro Eroguro...

miércoles, 18 de julio de 2018

Slavoj Žižek: Problemas en el paraíso

Idioma original: inglés
Título original: Trouble in Paradise. From the End of History to the End of Capitalism
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable

No tengo muy claro si don Francis Fukuyama registró adecuadamente sus derechos de autor sobre el  concepto de ‘fin de la Historia’ pero si lo hizo debe ser hoy un hombre rico, porque no hay artículo, tertulia o ensayo de carácter político, sociológico o histórico en el que no se cite alguna vez. Con lo cual, al final nos acabamos convenciendo de que estamos viviendo el fin de algo, o tal vez ya el principio de otra cosa. Finkielkraut lo había apuntado por el lado cultural unos años antes, y Baudrillard le puso de inmediato el tono ácido, pero todo hacía pensar en la terminación de un ciclo, situación en la que se conoce mejor lo que parece destinado a quedar borrado que lo que se va a escribir en adelante (y cómo).

Slavoj Žižek es uno de los pensadores más conocidos que circulan por ahí en los últimos años. Filósofo, psicoanalista y no sé qué cosas más, su (relativa) popularidad proviene, claro está, de su exposición en los medios a través de artículos y entrevistas, entre ellas una muy reciente cuyo enlace dejo aquí. Pero la fama le llega principalmente porque le encanta meterse en todos los charcos. Obviamente, Žižek no escribe artículos sobre el superego o las contradicciones entre Lenin y Stalin sobre el derecho de autodeterminación, y mucho menos le preguntan por ello en las entrevistas. Sus tomas de posición giran en torno al feminismo, el islamismo radical, los vientres de alquiler o la inmigración, y ahí es donde disfruta escandalizando con alguna frase hiriente, o provocando con su barroquismo intelectual.

Porque si algo tiene el autor esloveno es afición por la actualidad, para interpretarla o buscar en ella ocasión para la reflexión o la digresión, según. De manera que, en ese contexto de fin de la Historia que decía antes, Problemas en el paraíso se situaría precisamente en el arranque de la nueva etapa que todavía no tenemos bien definida. Aunque el título se remite a una vieja comedia norteamericana, Žižek lo adopta con destreza para plantear las grietas que se observan en ese inicio de siglo que parecía abrir la etapa del bienestar y la estabilidad definitivas, con el comunismo bien enterrado y el capitalismo triunfante en todos los frentes.

La modernización se ha extendido sin freno por este mundo globalizado, y aquellas culturas que no dispusieron de un periodo de adaptación, bien lo han asumido de la forma más salvaje (Corea del Sur es el ejemplo que toma Žižek), o han desplegado un escudo protector igual de radical (el fundamentalismo islámico, al que alude en varias ocasiones). Pero ese nuevo paraíso va dejando sus cadáveres por el camino: legiones de desempleados y excluidos del sistema, regiones enteras del planeta descolgadas del proceso, y el virus del individualismo empapando la vida política y social desde todos los frentes. El ciudadano se convierte en ‘su propio capitalista’, que debe gestionar (y pagar, a veces endeudándose) las necesidades de educación o sanidad que el Estado ya no quiere atender, al tiempo que es impelido a un examen de conciencia en torno a los valores que se alzan en el horizonte: ecología (¿reciclo lo suficiente?), corrección política (¿cómo trato al desigual?), solidaridad (¿coopero con causas justas?). Traslación de lo colectivo a lo particular en todas las esferas, que conduce a desviar el foco de cuestiones globales trascendentes, y en fin a desactivar o recanalizar los movimientos emancipadores que surgen.

A estos les dedica Žižek una segunda parte de sus reflexiones. La clave está en primer lugar en distinguir con claridad quiénes de verdad avanzan para poner en entredicho el sistema, y con ello no perdernos en luchas secundarias. Y en segundo lugar, cómo continuar esos movimientos que se han caracterizado por su espontaneidad, una vez agotado el entusiasmo inicial. Insiste el autor en varios momentos en la necesidad de liderazgos que encaucen y dirijan todo ese potencial ‘emancipador’ (se diría que rehuye el término ‘revolucionario’), con lo que entronca con el clásico principio comunista del centralismo democrático, que sin duda conoce en profundidad –aunque cuesta ver que lo distinga con suficiente nitidez de los populismos, en los que ese liderazgo decisivo es consustancial, y a los que apenas presta atención.

Bueno, todo esto parece bastante sencillo y espero que más o menos coherente, pero extraer este hilo del texto que nos ocupa no es tarea tan fácil. Lo de Žižek no es un discurso lineal ni un razonamiento teórico estructurado, sino más bien un cóctel de muchos ingredientes que hay que ir diferenciando y encajando en su sitio. Como es habitual en el autor, se arremolinan múltiples referencias a películas que se supone ilustran sus reflexiones (una docena de páginas sobre una de las de Batman, ufff), chistes, digresiones de corte psicoanalítico (omnipresente Lacan), infinidad de comentarios sobre todo tipo de acontecimientos actuales (Ucrania, la ‘primavera árabe’, Grecia, el fin del apartheid), y sobre todo, afirmaciones provocadoras, paradojas y polémicas con otros pensadores, donde se ve que Žižek goza de verdad. Si a todo esto le añadimos la querencia por retorcer los argumentos hasta hacerlos irreconocibles (retórica vs. acción, por ejemplo), y la oscilación entre momentos de altura intelectual inalcanzable y otros de sencillez sorprendente (interpretación de Piketty), la sensación que transmite es de vorágine, de ruido y hasta de cierta improvisación.

La tarea del lector es seguramente completar lo que el autor no hizo: dejar reposar todo ese caudal, filtrarlo y ordenarlo para obtener sus conclusiones. Si conseguimos hacerlo así veremos que Žižek nos ha dejado sobre todo una especie de surtido de KPIs, puntos sobre los que poner la lupa, elementos sobre los que reflexionar o motivos para ver las cosas con una perspectiva distinta a la que nos quieren presentar como única.

Otras obras de Žižek en ULAD: El frágil absolutoEn defensa de la intoleranciaArte, ideología y capitalismoSobre la violencia

martes, 17 de julio de 2018

Burhan Sönmez: Istanbul Istanbul

Idioma original: turco
Título original: İstanbul İstanbul
Traducción: Pelin Doğan y Miquel Saumell (edición en catalán)
Año de publicación: 2015
Valoración: bastante recomendable

Sorprendentemente, y a pesar del prolífico mercado editorial donde cada día se publican nuevos títulos, esta novela no ha sido editada aún en castellano. Por suerte, la pequeña pero certera Edicions del Periscopi descubrió al autor y, realmente, ha sido todo un hallazgo. Entiendo que esta obra no tardará a llegar al castellano, pues creo que la editorial Minúscula tiene los derechos. No puede ser de otra manera, pues ha estado traducida a más de treinta lenguas y es sorprendente que aún no lo esté en castellano. Tocará tener algo de paciencia.

La sinopsis del libro es realmente breve: a partir de la reclusión de cuatro personajes en una prisión, el autor teje una historia en la que se mezclan las pequeñas historias cotidianas, anécdotas de la vida de los presos que no dejan de ser las de los habitantes de Estambul, y donde en cada una de ellas se nota el peso de la historia de una ciudad milenaria, que se debate en una eterna lucha entre su pasado y el presente, entre la belleza y cierta decadencia. El autor expone claramente su dualidad y la amplitud y profundidad de la misma en uno de los párrafos:

«Estambul es inmensa, decía, hay toda otra vida detrás de cada pared y otra pared detrás de cada vida. Al igual que un pozo, Estambul es honda y estrecha. Algunos se embriagan de su profundidad, otros se sienten atrapados por su estrechez.»

Así, y de la misma manera que Estambul puede ser una ciudad profunda, el desarrollo del libro lo es en horizontal, en el sentido que la historia no avanza hacia delante sino hacia los lados, hacia las vidas de los reclusos, hacia las vivencias de su gente. Es a través de ellos, que conocemos historias sobre la ciudad, historias sobre ellos, cuentos de su infancia y su vida; por medio de esas pequeñas historias, el autor nos transmite la profundidad del impacto que la ciudad causa en sus habitantes y es, a través de estas pequeñas historias, que la ciudad se forma, crece y cobra vida. Una vida compartida por cada uno de sus habitantes, un conjunto de granos de arena que dibujan el relieve de la ciudad que los acoge.

Estambul está presente en todo el libro, no en sentido descriptivo o detallando de lugares concretos, sino en un sentido casi simbólico, pues habla de su historia, de su pasado; la ciudad está presente en tanto en ella vive la gente que habla de ella, y que la admira, a pesar de hacerlo con cierto aire de melancolía, propia del embelesamiento hacia un pasado del cual parece alejarse.

El autor, a través de los cuentos que los reclusos se cuentan, nos habla de la condición humana, de plasmar sus deseos de grandeza, de cambio, de crecimiento a través de la ciudad, una ciudad que es el escenario, el laboratorio, el resultado de sus ansias de crecer; nos transmite la voluntad de no contentarse con una realidad que se le antoja insuficiente, nimia a los ojos de quien se siente creador, pues «los humanos son los únicos seres que no tienen suficiente con ellos mismos (...) Un pájaro solo es un pájaro, se reproduce y vuela. Un árbol solo reverdece y da frutos. Los humanos son diferentes, aprendieron a soñar. No pueden estar satisfechos con lo que ya existe. (...) Allí donde los humanos no forman parte de la naturaleza, son sus escultores.»

A través de esos pequeños relatos contados por los protagonistas, en el pequeño espacio de su diminuta celda, el autor nos transmite su imagen de Estambul, y nos muestra una ciudad en toda su inmensidad, una inmensidad no solo en superficie, sino también en profundidad, observándola y analizando el impacto en cada uno de aquellos ciudadanos que ven las múltiples caras de una ciudad que, en ocasiones es preciosa y eterna, y en otras es oscura y triste; esa dualidad existente y presente en todo el relato, que causa que sus habitantes quedan embelesados al mirar los cuadros que representan partes de la ciudad mientras que bajo la mirada de esos mismos ojos les causa pena y pesar cuando la ven en realidad. Así el autor transmite la dualidad de una ciudad que puede ser preciosa, y puede causar tristeza por cierta decadencia que asoma tras la realidad brindada por una comparación con su pasado. Así lo expone el autor al afirmar que «pensaban que la Estambul real era una ciudad del pasado. Esta ciudad cansada había vivido una vida plena en el pasado, había tenido un sultán glorioso, pero ahora era presa del sueño. Puede que nunca llegue a despertarse de aquel sueño tan profundo.»

Recluidos en su celda, la única ventana al mundo que les permite seguir mirando más allá de las cuatro minúsculas paredes que los encierran, antes de que un nuevo interrogatorio se los lleve, uno por uno, para someterlos a las palizas de sus celadores, son las historias que se narran unos a otros para soportar cada momento de su reclusión. Solo tienen, para protegerse de la realidad y hacer soportable la espera, esos cuentos que se narran unos a otros y, en esa mirada a la solidaridad, el autor nos brinda un canto a la tradición de los cuentos narrados de manera oral, transmitidos de persona a persona, de generación en generación, construyendo un relato cambiante que teje una realidad dinámica sobre la ciudad que los inspira y sobre la vida de las personas. La mirada de Sönmez tiene un aire melancólico, de nostalgia, como cuando uno de los protagonistas afirma que «reprende esta ciudad que se ha construido a base de cálculos en lugar de sueños». Los sueños que sus protagonistas transmiten a una ciudad viva, de futuro incierto que, con su mirada nostálgica hacia el pasado, sueña con ser de nuevo una ciudad que contenga la bella imagen que muchos aún tienen de ella.

lunes, 16 de julio de 2018

VV.AA.: Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa

Idioma original: Español
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Llevo unos meses consumiendo literatura sórdida, como algunos de mis compañeros, preocupados por mi saludo mental y la deriva cada vez más bizarra de mis aportaciones a este humilde blog, han tenido a bien de destacar. Bueno, que sepáis que estoy bien; este viaje no me ha pasado factura. O eso pienso. En fin, que hoy os vengo a hablar sobre el que ha sido el broche de oro con el que he cerrado esta etapa de lecturas extrañas: Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa (volumen que, de ahora en adelante, llamaré Eroguro... a secas).

Pero, antes de profundizar más en la reseña, ¿qué es el "eroguro"? El palabro designa a un subgénero japonés que explora todo aquello que aúna lo erótico, lo grotesco y lo absurdo. Y sí, en esta ambigua definición caben multitud de manifestaciones. Porque si bien el "eroguro" tuvo unos inicios muy literarios, fue expandiéndose a otras disciplinas artísticas, como, por ejemplo, el cine, la ilustración o el manga.

Pero centrémonos. Eroguro... está editado por Jesús Palacios, pensador cultural al que tengo muy visto (en el buen sentido, quiero decir) gracias a su participación constante con la editorial Valdemar. El libro contiene textos del mismo Palacios, así como colaboraciones de Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Iria Barro Vale y Germán Menéndez Flórez. También tres relatos nipones "eroguro". Y algunas ilustraciones realizadas en exclusiva para esta publicación, salidas de la mano de autores españoles. Éstas son un detalle simpático, pero lejos están de alcanzar las cotas extremas de aquello que preceden; afortunadamente, están colocadas al inicio del volumen, por lo que no desentonan demasiado.

Pues nada, ¿qué más decir de Eroguro...? Los artículos coordinados por Palacios, prolijjamente documentados, son, en general, interesantes. Quizás a alguno le haría falta abordar con algo más de profundidad el tema que trata, pero la ambición de este ensayo no es más que dar a conocer al "eroguro" en el ámbito nacional, por lo que no podemos reprochar con severidad el tratamiento superficial de algunas de sus partes. Por otro lado, los relatos japoneses que incluye Eroguro... son de agradecer, y acaban decantando a esta lectura hacia el platillo de lo agradable. Además del de lo morboso, por supuesto. Últimamente, parece que esto no puede faltar en mis lecturas.